La mayoría de locadores de servicios pasan a planilla después de un reclamo.
No por decisión tuya. Por decisión de SUNAFIL o de un juez.
Esto pasa más de lo que imaginas. Y casi siempre, el contrato estaba “bien redactado”.
El problema no es el papel. Es la realidad que hay detrás.
En Perú, la relación laboral no se define por cómo llamas al contrato. Se define por cómo funciona el día a día. Si tu “locador” cumple horario, recibe órdenes directas, usa tus herramientas y trabaja exclusivamente para ti… ya tiene todos los elementos de una relación laboral.
El nombre del contrato no cambia eso.
Lo que hace que un locador deje de serlo (sin que te enteres):
- ❌ Le asignas un horario fijo y esperas que lo cumpla
- ❌ Lo supervisas directamente y le das instrucciones sobre cómo hacer su trabajo
- ❌ Trabaja solo para tu empresa, sin otros clientes
- ❌ Usa los equipos, instalaciones o correo corporativo de tu empresa
- ❌ Su “servicio” es continuo y sin fecha real de término
- ✅ El verdadero locador define su propio método, tiene autonomía y asume el riesgo del resultado
Si tu locador tiene más de tres de esos primeros puntos, no tienes un locador.
Tienes un trabajador sin beneficios sociales acumulándose en contra tuya.
CTS, gratificaciones, vacaciones, ESSALUD. Todo eso está corriendo. Aunque tú no lo estés pagando.
Y cuando él decida demandar — porque tarde o temprano lo hará — el juez va a mirar la realidad, no el contrato.
Lo que debes hacer ahora mismo:
- Audita tus contratos de locación vigentes con criterio real, no formal
- Evalúa si el locador tiene autonomía genuina o si en la práctica es un empleado
- Evita la exclusividad y el control directo sobre la forma de trabajo
- Establece entregables concretos, no presencia ni disponibilidad horaria
- Si la relación es laboral de facto, regulariza antes de que él lo haga por ti
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